
Las 5 lecciones que Milei (todavía) puede aprender de Scaloni para fortalecer su liderazgo
Pablo Winokur
Pase lo que pase en la final del Mundial, Lionel Scaloni es un ejemplo de liderazgo por su capacidad de conducir equipos, de plantear objetivos, de delinear estrategias, de manejar a las grandes estrellas para priorizar el trabajo conjunto y lograr resultados. También para comunicar cómo se está trabajando, sin generar grietas ni odios absurdos.
“La verdadera revolución de El método Scaloni no fue solamente táctica: fue emocional y cultural. El objetivo fue lograr que la indumentaria dejara de representar una carga de pánico operativo para volver a estructurarse sobre el orgullo, la pertenencia y el deseo”, reveló Fabián Jalife, creador de la serie documental “El método Scaloni”, que habla del liderazgo del DT.
Javier Milei tiene ante su espejo la posibilidad de aprender de ese método, de esa forma de trabajo. Todavía está a tiempo. Milei puede cambiar antes de que sea demasiado tarde.
- Rodearse de los mejores
Scaloni armó su cuerpo técnico con gente que sabe y que lo complementa.
Él mismo reconoce que no le gusta tanto la táctica. Tiene para eso a Pablo Aimar.
Delega en distintos profesionales algunos aspectos específicos de los entrenamientos, el análisis, la preparación física… Después escucha y decide. Según explican en la serie los protagonistas, las decisiones son conjuntas aunque él tiene la última palabra.
Y, por supuesto, define la estrategia general y alinea al grupo en torno a eso.
Nunca en la historia un cuerpo técnico tuvo tanto protagonismo como el de la Selección argentina. No es usual que los ayudantes del técnico hagan publicidades en TV: hasta el utilero tuvo la suya.
Se ve a un líder al que no le interesa opacar a los demás. La prioridad es el grupo.
Milei desde los tiempos de campaña tuvo dificultades para rodearse de “los mejores”. Cada vez que alguno de sus dirigentes asomó un poquito la cabeza, Karina le pasó la guillotina (en palabras del propio Milei).
En muchos casos, gestionar —de acuerdo con lo que cuentan algunos funcionarios— es lograr que las cosas pasen y que Milei no se dé cuenta.
Según el relevamiento que hace el politólogo Pablo Salinas, ya renunciaron 269 funcionarios en lo que va de la gestión. Uno cada 3,5 días.
No es casualidad que la mayor parte de los eyectados sean del Ministerio de Economía (94 en total, el 35%), área que supervisa directamente el presidente.
2. Escuchar a su gente
Milei escucha poco. Casi nada. Tanto a su equipo directo como a los que están abajo. Mucho menos a “la gente”.
El presidente en las reuniones de gabinete o políticas habla y no suele haber mucha participación. “Está una hora hablando y son las masterclass de economía que vemos en sus apariciones en TV o en los discursos”, cuenta un referente de La Libertad Avanza que participó en las últimas semanas en encuentros con Milei.
Ahora está entusiasmado con el tema de la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central. Todo gira en torno a dar clases sobre eso; antes su tema fetiche (que no abandonó) eran los seguros, en base al libro Teoría del caos, de Robert Murphy; ese paper, entre otras cosas, propone generar un mercado de adopciones de niños.
Pero la dificultad para escuchar no se limita a su propio equipo de trabajo. Es cierto que se la pasa buena parte del día recolectando opiniones en redes sociales. El algoritmo puede ser un problema.
Es un presidente que no baja al territorio, que no toma contacto con los problemas reales de la gente. De hecho, no viajó nunca a algunas provincias.
Pablo Salinas también releva esa cuestión. Desde que asumió como presidente, no pisó nueve provincias (Chubut, Misiones, Formosa, Jujuy, La Pampa, Catamarca, San Luis, La Rioja y Salta). Según ese relevamiento, representan el 38% del territorio nacional. Apenas dedicó el 6% de sus días en el país a recorrerlo.
En el documental de Scaloni, los jugadores sintetizan: “Es un líder que te permite hablar y dialogar; no se cierra en su idea. En el diálogo nos hizo mejores”.
3. Cambiar a tiempo
Scaloni tiene clara la estrategia. Pueden variar las tácticas (el modelo de juego) o los intérpretes (los jugadores). No tuvo problema en 2022 en poner a Julián Álvarez y Enzo Fernández, que no habían arrancado como titulares; no tuvo problema en 2025 en reponer a Paredes en los 11 iniciales.
No se casa con nadie (salvo Messi y el Dibu, obvio). En este mundial le tocó sacar a Otamendi y a De Paul. No le tembló el pulso.
Para poder lograr eso, primero hay que tener una adecuada lectura de la realidad. Y también hay que tener con qué cambiar.
Scaloni (con su equipo) fue hábil para detectar nuevas figuras, para encontrar a tiempo los reemplazos que luego serían fundamentales en las definiciones y para localizar talentos desconocidos.
Di María relata cómo fue la incorporación de nuevos talentos: “Fue encontrando gente como el Cuti, el Dibu, Licha, que nadie sabía dónde estaban y él los traía”. Un líder tiene que ser capaz de sumar gente nueva al proyecto.
La Libertad Avanza tuvo serios problemas para promover gente, para empoderar a nuevas figuras.
De los 9 ministros del gabinete, 5 vienen del PRO. La jefa de bloque del Senado es Patricia Bullrich y el líder de Diputados es un Menem.
La política se hace con gente. Y a la gente hay que formarla y contenerla. Algo que no hizo Milei con las Fuerzas del Cielo que responden a Santiago Caputo: muchos saben que van a estar afuera del Gobierno al día siguiente de una eventual reelección de Milei.
4. Un equipo de amigos
Decía Alejandro Dolina: “Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables”.
La Selección argentina es un equipo de amigos. Las anécdotas se escuchan todo el tiempo en las distintas entrevistas. No son todos amigos de todos. Pero hay grupos consolidados:
- Enzo Fernández y Julián Álvarez, que jugaron juntos en River y comparten habitación y asiento en el micro. Grandes jugadas salen de ese entendimiento.
- Cuti Romero y Licha Martínez se conocen desde muy chicos y sincronizan a la perfección (con Nahuel Molina como tercera pata). Los tres conforman “La banda del palo santo”.
- En el cuerpo técnico, Scaloni y Samuel jugaron juntos en Newell’s y luego hicieron toda su carrera juntos en las inferiores de la Selección. Ahí conocieron a Aimar hace 30 años. Y los tres fueron compañeros de Ayala en distintas selecciones.
En todos los espacios políticos se ve ese tipo de relaciones de amistad y compañerismo que un poco marcan los pasos de la gestión. Aun en las internas y las diferencias, esas trayectorias ayudan a limar los problemas si aparecen.
En La Libertad Avanza cuesta ver relaciones de amistad y camaradería. Las internas de todos contra todos en un grupo tan chico dificultan la gestión.
5. El DT de todos
Scaloni se posiciona por encima de cualquier grieta. Es más fácil en la victoria que en la derrota. Pero aun ganando, marca algunos gestos que sirven para imitar.
Nunca se pone por encima de los jugadores. Los que ganan los partidos son ellos. Él actúa como facilitador.
Nunca entra en polémicas innecesarias.
El partido contra Inglaterra es un partido y nada más.
No entra en discusiones dialécticas con otros DT.
Saltea la grieta eterna del fútbol argentino entre Menotti y Bilardo, y elogia a ambos.
Esquiva la política, pero marca algunas situaciones puntuales como si fuera un avezado diplomático.
Entiende que es el DT de todos: bilardistas, menottistas, kirchneristas, libertarios, de River y de Boca, maradoneanos, messistas.
Una templanza y apertura que Milei debería intentar imitar.
Incluso, toma una estrategia diametralmente opuesta con las críticas: “Leo no salió a callar a nadie que lo haya criticado. El hacer silencio y responder desde el silencio”, dice Aimar en la serie “El método Scaloni”.
Según la última encuesta de la Universidad de San Andrés, 7 de cada 10 rechazan la marcha general de las cosas. Y su imagen tocó sus pisos históricos.
No es solo una cuestión de imagen sino de gestión. Pero quizás copiando un poco el “Método Scaloni”, puede levantar un poco.
Scaloni y Milei llegaron como outsiders. Ambos sin experiencia. Scaloni llegó con un método, armó un equipo y logró conducir.
Milei sigue siendo un outsider. Ahora, en el segundo tramo de su presidencia, tiene la opción de cambiar. ¿Lo logrará?


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