Efecto otoño: ¿qué le pasa al cuerpo cuando los días empiezan a acortarse?

Los cambios biológicos que genera el acortamiento de los días pueden producir diversos cambios en el estado de ánimo y cansancio.
Sociedad16 de mayo de 2026

Por qué el otoño te deja hecho bolsa: la ciencia detrás del bajón que te cuesta reconocer Llegó el otoño en Argentina y con él vino ese sentimiento raro que probablemente ya estés experimentando: te despertás cansado aunque hayas dormido ocho horas, te cuesta un montón concentrarte en lo que hacés, el mood anda por el piso y encima querés comer facturas todo el día. Acá va la noticia que te va a volar la cabeza: no es que de repente te hayas vuelto vago o que la rutina te esté matando. Lo que está pasando es que tu cuerpo está reaccionando de manera biológica a que cada día hay menos horas de luz natural. Los profesionales de la salud mental llevan tiempo insistiendo en esto, pero la mayoría de la gente lo ignora pensando que es solo estrés o que necesita descansar un fin de semana.

El tema es que cuando los días se acortan, tu organismo sufre cambios bastante serios que van mucho más allá de ponerte de mal humor. A medida que desaparece el sol, tu cuerpo empieza a producir menos serotonina, esa hormona que te hace sentir bien y motivado. Al mismo tiempo, aumenta la producción de melatonina, la que te dice que es hora de dormir. Pero acá viene lo complicado: también te afecta el ritmo circadiano, ese relojito biológico interno que maneja prácticamente todo lo que pasa en tu cuerpo durante el día. Los síntomas más comunes son la fatiga que no se te va ni tomando café, irritabilidad sin razón aparente, ganas irresistibles de comer cosas con carbohidratos, un sueño que puede ser demasiado o muy poco, y esa sensación de que nada te importa. En algunos casos, estos síntomas se vuelven tan intensos que arruinan la vida cotidiana de la persona.

Ahora bien, hay que reconocer que esto va mucho más allá de solo sentirte triste. Los cambios de estación impactan en tu alimentación, en si te da ganas de moverte o no, y en cómo dormís. Cuando juntás menos luz solar, menos tiempo afuera y hábitos más sedentarios, el agotamiento se potencia al doble. Los especialistas recomiendan que no minimices estos síntomas pensando que es normal de la época, porque hay herramientas que funcionan: mantener una rutina de sueño consistente, salir el máximo posible cuando hay sol, hacer ejercicio aunque sea una caminata rápida, y socializar con amigos. Para casos más graves, existe incluso la fototerapia, que usa luces artificiales fuertes para compensar la falta de sol. Lo importante es que si notás que estos síntomas te están arruinando la calidad de vida, consultes con un profesional. Detectar esto a tiempo hace la diferencia entre pasar el otoño con un bajón leve o terminar completamente destrozado.

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