
El banco de desarrollo latinoamericano confía en la política económica argentina y aprobó una garantía millonaria.

Resulta que las federaciones europeas estaban re calientes con Infantino y le metieron presión de lo más fuerte, amenazándolo con sacarlo del cargo si no hacía lo que ellos querían.
El boludo acabó cediendo al toque cuando Aleksander Čeferin, el jefe de la UEFA, le puso un ultimátum sobre la mesa.
Como resultado de todo este quilombo, la final quedó en manos de un árbitro esloveno, basicamente porque Infantino no tuvo los huevos para resistir la presión de los europeos.
Básicamente, lo que pasó es que el presidente de la FIFA terminó siendo un títere más de la UEFA, demostrando que cuando te amenazan con el puesto, cualquiera se arrodilla.






