Martín Menem se mandó un blooper digital y Caputo no lo dejó pasar

La cuenta anónima que intentó atacar al asesor presidencial terminó delatando al presidente de la Cámara de Diputados. Lo que vino después incendió los chats del Gobierno y reabrió una guerra que nadie había cerrado del todo.
17 de mayo de 2026Redacción CentralRedacción Central
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Se armó en serio este fin de semana en el universo digital libertario. Un posteo de la cuenta @PeriodistaRufus difundió material opositor contra el Gobierno, pero al abrir el enlace de Instagram desde X, la plataforma mostró que el video había sido compartido desde la cuenta atribuida al propio Martín Menem. Un blooper de manual. 

Caputo no lo dejó pasar. Aprovechó el momento para ridiculizar públicamente al riojano, y desde su entorno empezaron a usar el término "gagá" —jerga libertaria para señalar torpeza política. El remate llegó cuando la cuenta fue eliminada minutos después, lo que en el círculo de Caputo leyeron como una admisión de responsabilidad: "Borrar la cuenta lo único que confirma es que es de ustedes", escribió el asesor.

El episodio incendió los chats de funcionarios y dirigentes libertarios. Algunos felicitaron en privado a Caputo. Otros le escribieron directo a Menem para preguntar qué había pasado. Bah, la política argentina siendo la política argentina.

Ahora, ojo con el relato fácil de que esto es señal de un gobierno que se cae a pedazos comunicacionalmente. Porque hay que separar dos cosas.

Los Menem vienen intentando desde el año pasado disputarle a Caputo la hegemonía digital del espacio libertario: contrataron consultoras, promovieron influencers propios y armaron un grupo paralelo. Pero ninguno de esos esfuerzos logró el volumen de las cuentas asociadas a Las Fuerzas del Cielo, que combinan militancia digital real con operaciones coordinadas. O sea: la guerra la inició el sector que salió perdiendo. 

Lo que pasó este fin de semana no es una crisis de comunicación del Gobierno. Es un sector interno intentando desplazar a otro y haciéndolo mal. Muy mal. Desde el propio entorno karinista admitieron el problema: "Lograron que el viaje que hizo a Estados Unidos y lo del tuit tuviera una difusión terrible. Cuando lo activan, logran marcar agenda. Hubiera estado bueno que lo hicieran con otras cosas buenas que salieron de la gestión." Eso no es una crítica a Caputo: es reconocer que el aparato digital del asesor funciona, y que el problema es cuándo y para qué lo usó. 

Los medios tomaron el episodio como prueba de que la comunicación del Gobierno está en crisis. El caso Adorni lleva 68 días dando vueltas y en el oficialismo detectaron problemas que sobrepasan la situación del ministro coordinador, incluyendo el silencio en la virtualidad y la falta de difusión de las actividades de los nueve ministerios. Eso es real y nadie lo niega adentro. 

Pero una cosa es eso y otra muy distinta es concluir que el equipo de comunicación no sabe lo que hace. Resulta una novedad que Caputo haya acusado públicamente a ese sector. Sus laderos advertían que el asesor estaba levantando el tono. No es descontrol: es una decisión. Caputo eligió este momento, con este nivel de exposición, para marcar un límite. 

La guerra digital libertaria existía antes del caso Adorni y va a existir después. Lo que cambió este fin de semana es que uno de los bandos mostró que no sabe operar sin dejar rastro. Y el otro lo aprovechó de una.

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