
Messi se va: la historia del pibe que nos enseñó que todo es posible

Ayer fue el día. Messi se despidió de la Selección con un partido que la verdad, el resultado no importa. Lo que quedará en la memoria de todos nosotros fue verlo jugar una última vez con la camiseta celeste y blanca frente a su gente. El Monumental fue una fiesta, una ovación que probablemente no se olvide nunca. La goleada 3-0 es lo de menos, la verdadera victoria fue poder despedir así al mejor jugador que tuvo este país.
Mira, la historia de Messi es de esas que te enseña que cuando realmente querés algo, no hay nada que te detenga. A los 13 años dejó todo, Rosario, su familia, todo. Se fue a Barcelona porque necesitaba un tratamiento para crecer. Imaginate tener esa edad, estar lejos de tu casa, inyectándote hormonas todas las noches mientras extrañas a tu gente. No era joda. Y encima se fue casi toda su familia dejándolo prácticamente solo, bueno, con su viejo que fue su sostén en todo ese quilombo.
Con la Selección tampoco la tuvo fácil. Pasaron años sin ganar nada importante, los torneos se le escapaban de las manos y eso lo frustraba un montón. Incluso llegó a renunciar, ¿viste? Después de la derrota con Chile en el 2016 dijo "basta, no doy más". Pero bueno, sabemos cómo terminó la historia.
La cosa es que Messi debería enseñarse en las escuelas como un ejemplo de vida, no solo de fútbol. Porque demostró que aunque todo parezca imposible y la situación te juegue en contra, siempre hay forma de revertirlo si no bajás los brazos.



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