
Operativo aislar a Milei: ¿cómo gobernar sin que el Presidente lo note?
Pablo Winokur
En el corazón del Gobierno libertario hay preocupación por la marcha general de las cosas. Aunque todos coinciden en que hay algunos datos buenos para ponderar, también hay una mirada extendida de que, así como está, la recuperación económica no va a llegar a los bolsillos de la gente de la manera en que tiene que llegar para poder ganar la elección de 2027.
Existe un consenso casi unánime adentro del Gobierno de que el programa económico -y también el político- necesita ajustes. El que no está convencido de eso es el Presidente.
Javier Milei insiste en público y en privado en que no debería haber ninguna participación del Estado ni en la economía ni en (casi) ningún aspecto de la vida social, salvo para garantizar la vida, la propiedad y la libertad, en los términos en que los entiende su liberalismo.
Ese convencimiento doctrinario solo lo tienen el presidente y Federico Sturzenegger. El resto de los ministros y funcionarios principales son agentes encubiertos de “la casta”. En estas semanas hubo varios intentos por reordenar la agenda política, siempre sin que el presidente se entere demasiado, para que no se enoje y tire todo para atrás.
“La casta” reordena el Estado
Un ejemplo es el anuncio del ministro de Economía, Luis Caputo. Presentó un programa de créditos hipotecarios con plata de la ANSES. En la conferencia, dijo que es un acto de “justicia social”, algo que el presidente insiste en que es una aberración o, directamente, “un robo”.
Diputados aprobó una serie de proyectos que declaran capitales nacionales, hasta ahora rechazados por el Gobierno:
CABA, Capital Nacional del Teatro.
San Juan, de la Educación.
Santa Cruz, de la Natación de Aguas Frías.
Tucumán, del Ecoturismo.
San José de los Cerrillos (Salta), del Cerdo Negro.
Caá Catí (Corrientes), de la Producción Bubalina.
También aprobó la reducción del impuesto a la harina de mandioca, a pedido de la oposición misionera.
Salvo esta última medida, son todas leyes que no cuestan un mango y que responden a reclamos de provincias aliadas. Hubo un intercambio de votos. Milei siempre se mostró en contra de estas leyes declamativas, incluso con temas sensibles como el atentado a la AMIA.
En estos días, Diego Santilli cerró acuerdos con gobernadores del norte. Aceleró de manera inusitada esas gestiones.
Aparecieron puentes entre el Gobierno y la CGT para bajar la conflictividad en torno al salario mínimo. Se reunió el Consejo del Salario. Aunque Milei impugna que el Estado fije sueldos, hubo un compromiso de buena fe de dejar de bloquear los aumentos en paritarias, aceptar bonos no remunerativos y otros maquillajes para recomponer ingresos. Esto es: gestionar sin que se note.
Una y otra vez, los funcionarios cumplen los pedidos de Milei de que desmientan información periodística. En la enorme mayoría de los casos, sale del riñón de los propios funcionarios o de testigos de esas charlas. Las órdenes presidenciales se acatan.
El Banco Central tuvo que publicar un instructivo para que la gente aprenda a endeudarse. Una clase virtual de educación financiera, en un gobierno que cree que las campañas de información pública dirigidas desde el Estado deberían estar prohibidas. Sin contar que el Banco Central debería estar cerrado.
Patricia Bullrich, desde su banca en el Senado, pidió que los bancos y las financieras se hagan cargo de la situación de los endeudados. “Cuando uno mira la letra chica, se da cuenta del robo que se está haciendo”, dijo, y sugirió un “etiquetado frontal” para que los consumidores puedan conocer las tasas totales. Nada más opuesto al anarcoliberalismo.
Milei, aislado
Milei pasa sus días aislado en Olivos, casi sin actividad pública. Esta semana volvió a la Casa Rosada.
Su discurso en privado es prácticamente el mismo que da en público. Dice que hay un ataque de la política en su contra, que cualquier tipo de intervención va a hacer naufragar el programa económico y que, además, sería inmoral. El martes les repartió a los legisladores el libro “La economía en una lección”, de Henry Hazlitt. Es un texto que se escribió en 1946.
La obra pone como ejemplo el caso de los vidrieros: ¿podría ser una política para beneficiar a los vidrieros ir a romper las vidrieras de las panaderías para poder luego repararlas? Eso sería el Estado interviniendo en un sector.
También critica la idea de que el Estado establezca salarios mínimos. “No se puede hacer que una persona valga una cantidad determinada prohibiendo que se le ofrezca menos. Simplemente se le priva del derecho a ganar lo que sus habilidades y situación le permitirían, a la vez que se priva a la comunidad incluso de los servicios básicos que es capaz de prestar”, plantea.
Milei no cree que haya que hacer nada para gestionar el Estado. Por eso dedica su tiempo a escribir su libro, “La moral como política de Estado”, que anticipó el jueves en una ponencia en la escuela ORT ante alumnos secundarios. La presentación estuvo plagada de citas bíblicas mal interpretadas. ORT es una institución de la comunidad judía, pero eminentemente laica.
El Gobierno repuntó en las encuestas en las últimas semanas. Sigue estando pésimo, pero hay un cambio de tendencia. Hoy no podría ganar ninguna elección, pero todavía puede revertir la situación con una mejora económica y un plan platita hacia el tramo final de la campaña.
Los gobernadores aliados -en su mayoría- ya mostraron predisposición a desdoblar las elecciones del año que viene. Todavía hay dudas entre los radicales y los del PRO.
Por eso todos necesitan que el Gobierno haga algo, que muestre músculo, que intente llevar el (supuesto) crecimiento a la gente. Algo a lo que Milei se niega, aunque muchos lo intentan hacer pasar por debajo del radar. Lo que no está en (su) Twitter no existe.
En el peronismo empieza a haber algunos movimientos. Axel Kicillof anunció el lanzamiento federal del MDF -su espacio político-, con los dirigentes de siempre, más referentes de distintas provincias. Va a ser en septiembre.
Cuanto menos habla el gobernador, mejor le va en las encuestas. De hecho, en su entorno celebran que sea visto como el principal opositor al Gobierno de Milei, incluso entre los exvotantes de Fuerza Patria.
Esta semana estuvo recorriendo La Matanza y se mostró con el intendente Fernando Espinoza en la entrega de patrulleros. Uno se pone el traje de (candidato a) presidente; el otro, el de gobernador.


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