Entre el amor y el casamiento: Milei busca convertir los pactos con los gobernadores en una alianza para 2027

La Casa Rosada ensaya una convivencia pragmática con los gobernadores ofreciendo respuestas a reclamos de las provincias a cambio de respaldo para sus reformas, pero todavía no logra transformar esos acuerdos en una sociedad política estable. Las aprobaciones de la reforma del BCRA y la Inocencia Fiscal II, con una señal de alerta de los “dialoguistas” de por medio, le permitieron al Gobierno saber dónde estaba parado.
Opinión31 de agosto de 2026Lucas BoLucas Bo
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En la Casa Rosada ya no hablan solamente de acuerdos con los gobernadores sino que hablan de convivencia. Javier Milei los necesita para avanzar con su agenda en el Congreso y los gobernadores necesitan del gobierno nacional para destrabar obras, recursos y reclamos de gestión. Ninguno quiere casarse todavía, pero ambos entendieron que les conviene mantener el diálogo.

“La semana pasada fue clave para entender cómo estamos parados”, fue la definición que se escuchó en los pasillos de Balcarce 50 para entender, en términos de una relación de pareja, si había correspondencia entre las dos partes tras el traspié legislativo por las frustradas reformas de las leyes de Tierras y Manejo del Fuego. A modo de metáfora, reflexionaron: “Si hay amor, vamos a ir a vivir juntos. Después vemos si nos casamos”.

El Poder Ejecutivo necesitaba en el Congreso una demostración de que todavía podía ordenar una mayoría circunstancial y consiguió el respaldo a dos proyectos centrales para el programa económico de Milei. Pero la sesión en Diputados mostró que el Gobierno no tiene una mayoría propia ni aliados automáticos ya que la oposición reunió 133 diputados para intentar un apartamiento del reglamento y llevar al recinto proyectos vinculados con la morosidad y la discapacidad. La maniobra no prosperó, pero dejó una advertencia. Habrá que esperar al 9 de septiembre, fecha en la que está pedida la sesión, aunque el Gobierno tiene herramientas para desactivarla.

Y un jugador importante dentro de estos movimientos que se expresan en el Congreso es el Jefe de Gabinete, Diego Santilli. Durante el último mes mantuvo encuentros bilaterales o grupales con los gobernadores Sergio Ziliotto (La Pampa), Juan Pablo Valdés (Corrientes), Hugo Passalacqua (Misiones), Gustavo Sáenz (Salta), Carlos Sadir (Jujuy), Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Elías Suárez (Santiago del Estero), Rolando Figueroa (Neuquén), Alberto Weretilneck (Río Negro), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Maximiliano Pullaro (Santa Fe) y Martín Llaryora (Córdoba). En algunos casos viajó y en otros fue el anfitrión, y en varias estuvo acompañado de Luis Caputo, el ministro que define la ejecución de los recursos que reclaman. 

La agenda no tiene épica ideológica sino carpetas y números concretos. Rutas nacionales, tarifas eléctricas de grandes usuarios, obras, financiamiento, deudas entre Nación y provincias, cajas previsionales y zonas frías. El Gobierno busca mostrar que la relación con los mandatarios no se limita a una foto institucional y que los acuerdos empiezan a producir resultados. Un gobernador del centro que se sentó con Santilli el jueves pasado le confió a POSTA que el recorte al régimen de zonas frías saldrá y los recursos ahorrados allí se redireccionarán a zonas cálidas y se hará a través de una resolucion de la Secretaría de Energía sin tener que pasar por el Congreso.

Desde el entorno de Santilli sacan pecho de los logros conseguidos a través de la articulación con los gobernadores y enumeran el acueducto Albigasta, rutas nacionales, el Tren del Valle, el régimen de zonas frías y distintos proyectos de infraestructura. También remarcan que durante el año se sancionaron la Reforma Laboral y el Régimen Penal Juvenil, se avanzó con una nueva Ley de Glaciares y el Senado aprobó 67 pliegos judiciales.

El Gobierno no quiere convertir a los gobernadores en mileístas sino construir una red de acuerdos sectoriales que permita aprobar sus reformas sin exigir una adhesión política completa. La tensión de fondo es que el Gobierno busca una mayoría política y las provincias ofrecen mayorías circunstanciales para que cada acuerdo quede limitado al tema que se negoció.

“El Gobierno está haciendo bien las cosas políticamente”, reconoce un operador cercano a los mandatarios. “El problema está en lo económico y lo discursivo”, aclara como llamado de atención. Los gobernadores pueden negociar una obra, una ruta o un régimen energético y también acompañar una reforma nacional, pero tienen que volver a sus provincias y explicar qué impacto tienen esas decisiones en el bolsillo de sus votantes.

Durante buena parte de la gestión, el Gobierno ordenó su discurso alrededor de la inflación, el déficit, la emisión y el equilibrio fiscal. Pero la pregunta que se intensifica cada vez más y no tiene respuesta es ¿Cuándo llega la mejora a la vida cotidiana?

En ese punto también aparece Patricia Bullrich. La senadora funciona como una pieza importante dentro del esquema de contención política del Gobierno, aunque no siempre se alinee 100% con cada posición oficialista. En algunos temas se desmarca, como en la discusión acerca del pliego de la jueza Verónica Michelli, la demora de los resultados del programa económico y hasta en un encuentro con estudiantes donde mostró un tono más dialoguista que el de Milei en el colegio ORT.

Pero esos movimientos o declaraciones no pareciera tener la misma resonancia en los Milei que en los medios de comunicación. En Casa Rosada lo toman como “parte del acuerdo” entre la senadora y los hermanos. “Ella tiene sus ideas y está todo bien. No le exige al Presidente, le exige al resto del Gabinete que trabajen para el Presidente”, resaltan. Y para despejar todas las dudas, aclaran sin rodeos: “Karina no ve en ella a alguien que pueda traicionar”.

2027: el verdadero motivo de la convivencia

La discusión sobre 2027 aparece porque Milei ya no puede pensar solamente en aprobar sus próximas leyes. Necesita construir una red territorial y política que sostenga su proyecto cuando la novedad electoral de 2023 y 2025 deje de ser suficiente por sí sola.

Para eso requiere presencia en las provincias, aliados legislativos estables y dirigentes dispuestos a asociar su futuro al oficialismo.

Los gobernadores pueden aportar las dos primeras cosas, pero no necesariamente la tercera.

Su lógica tradicional es preservar autonomía frente a cualquier presidente. Negocian con la Nación, pero evitan quedar absorbidos por ella. Esa posición les permite obtener recursos, administrar obras y, al mismo tiempo, conservar una identidad propia para competir en sus distritos.

La Casa Rosada necesita que esa autonomía no se convierta en una barrera para su expansión. Puede aceptar que los gobernadores no sean mileístas, pero necesita que sus estructuras territoriales no terminen funcionando como plataformas de una alternativa nacional. El desafío para La Libertad Avanza, con Karina Milei a la cabeza de la estrategia política, es cómo construir una alianza sin exigir una subordinación que los gobernadores no están dispuestos a aceptar.

Para la Casa Rosada, la fragmentación del mapa político y la falta de una mayoría propia puede ser una dificultad, pero también una oportunidad. Si logra convertirse en el centro de una red de acuerdos, podrá gobernar aunque para llegar a 2027 necesitará que esa red no se desarme ante cada conflicto. ¿Hay amor? Por ahora, hay algo parecido a un noviazgo y cada uno sigue durmiendo en su propia casa.

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