
Milei, entre la economía en baja y la soledad del poder
Pablo WinokurLa economía argentina está a las puertas de una recesión. Lo dicen la mayoría de los economistas, independientemente de la mirada que tengan sobre el Gobierno. Son indicadores circunstanciales que marcan un clima de época. Algo parecido pasa con la pobreza.
Milei puede estar generando un cambio profundo cuyos beneficios se van a ver en 30 años. Pero, en el corto plazo, las mejoras -cuando las hay- son meramente estadísticas. Y eso se reflejó en los números que publicó el INDEC esta semana.
La pobreza volvió a subir.
En el primer semestre de 2026 alcanzó al 32,3% de las personas, una suba de 4,1 puntos respecto de la celebrada baja del semestre anterior, cuando había llegado al 28,2%.
En los menores de 18 es del 45,2%.
La indigencia alcanzó el 7,5%.
En los partidos del conurbano bonaerense, llegó al 9,9%.
La pobreza en la Argentina está en torno al 30% desde hace por lo menos 25 años. Y es un dato muy sensible a la evolución del dólar y de los precios. Si se devalúa, sube al 50%; si el dólar está estabilizado, con precios que aumentan de manera moderada, tiende a bajar. Las bajas circunstanciales -en este contexto- no son para festejar; las subas no hablan de un estallido.
Independientemente de eso, queda claro que este Gobierno no tiene una política sostenida para reducirla.
¿Por qué empeoraron estos índices? La pobreza en la Argentina se mide oficialmente solo por el nivel de ingresos. Básicamente porque los ingresos de la mayoría de la población están, en el mejor de los casos, indexados por inflación, mientras que la canasta básica de pobreza aumenta por encima de la inflación general.
Los números del INDEC muestran la dimensión de esa diferencia: en comparación con el semestre anterior, el ingreso per cápita familiar aumentó 11,5%, mientras que la canasta básica alimentaria subió 21,4% y la canasta básica total, que determina la línea de pobreza, avanzó 19,6%. En los hogares de menor poder adquisitivo, el ingreso total familiar creció apenas 9,6%.
Además, la AUH -que funcionó como tapón de la crisis durante los primeros meses del Gobierno- hoy también está atada a la inflación, por lo que arrastra el mismo fenómeno.
Actividad económica, en baja
Ese es el dato más sensible y el que más preocupa. Pero todo podría aguantar mejor si la economía estuviera creciendo de manera pujante. Además, se conoció el indicador de actividad económica de julio. Mostró una caída del 1,4% respecto del año pasado y del 2,9% frente a junio.
En el análisis rubro por rubro, las bajas se dieron en sectores que son el corazón de la economía de bolsillo: el comercio cayó 5,1%; la industria, 4,6%; la construcción, 3,3%; y -la novedad- la intermediación financiera retrocedió 3%. El agro mostró un crecimiento módico, del 0,7%, mientras que la minería avanzó 8,4% y la pesca, 424,5%.
Esta última actividad merece una atención especial: creció 424,5% en la comparación contra el año pasado porque en julio de 2025 hubo un conflicto gremial que provocó el desplome de las capturas, sobre todo de langostinos, que explican casi toda la categoría. La baja base de comparación provocó un rebote estadístico extraordinario. Sin el aporte de la pesca, la caída general de la actividad habría sido mayor.

El Gobierno suele criticar los indicadores que le dan mal. Pero otros números oficiales también muestran problemas. Las ventas cayeron 2,1% interanual en los supermercados y 1,1% en los autoservicios mayoristas. Solo en los centros de compras y shoppings se registró una suba, del 1,9%.
En cuanto a los ingresos, no hay nada que permita visualizar un repunte. El índice de salarios de julio volvió a mostrar números dispares: creció 36,2% interanual en el promedio general, pero 29,7% en el sector privado registrado, 31% en el sector público y 59,9% en el sector privado no registrado; esta última medición tiene muchos agujeros negros.

La soledad del poder
Esta situación de incertidumbre económica -no le vamos a decir crisis porque todavía estamos lejos de eso- se ve agravada por la interna del gobierno de Milei.
La semana pasada contábamos acerca de los cruces entre Patricia Bullrich y el ministro Caputo por los cambios en la ley de discapacidad en medio de las negociaciones. En los últimos días, los roces se agudizaron e incluso se observa cierto malestar en la cúpula del poder.
Karina Milei no acompañó al presidente a la ONU y se mantuvo en Buenos Aires resolviendo temas domésticos. Las sospechas sobre una tensión entre ambos aumentaron cuando, por primera vez, Karina habló dos veces con los medios, una práctica a la que no está habituada.
La duda que circula entre los espectadores del poder es si pudieron haber tenido algo que ver con este cambio de conducta los reemplazos que se dieron durante las últimas semanas en la seguridad de Olivos, que incluyeron la renuncia de la mano derecha de Karina Milei, María Belén Agudiez.
Esto se da también en medio de las irregularidades denunciadas por la diputada Marcela Pagano en torno a las compras de alimentos para la Quinta de Olivos por parte de funcionarios que respondían indirectamente a Karina Milei. Si todo esto se comprobara, la soledad del presidente quedaría todavía más expuesta.
Pero hay otros elementos que preocupan.
La agenda de Milei
Durante agosto, Javier Milei tuvo escasa actividad oficial en el país. Después de participar el 7 de agosto en la asunción presidencial en Ecuador y Colombia, permaneció nueve jornadas completas sin apariciones públicas. Recién retomó la agenda el 17 de agosto, en el acto de homenaje a San Martín. Luego, esa misma semana, participó de una disertación en el Council Of Americas y en la Bolsa de Comercio de Rosario. Hacia fin de mes dio una charla en la escuela ORT y hablo en la Federación Internacional del Automovil.
Un dato saliente fue que pasó 25 días sin pisar la Casa Rosada: había ido por última vez el 30 de julio y recién regresó el 24 de agosto para encabezar una reunión de Gabinete. Al día siguiente volvió a Rosada a un encuentro con legisladores. Cinco apariciones públicas en total en todo agosto, más dos reuniones en La Rosada y un viaje al exterior de 3 días. ¿Qué hizo Milei en el medio? Se quedó en Olivos.
A partir de solicitudes de información pública realizadas por los colegas Mauricio Camino, de elDiarioAR, y Juan Luis González, se conocieron las visitas que hubo en la Quinta de Olivos durante ese mes, en el que Milei permaneció buena parte del tiempo recluido.
Los registros muestran lo solo que está el presidente y la condición de aislamiento en la que toma las decisiones.

De los 31 días que tuvo agosto, Milei recibió visitas, según los registros oficiales, en apenas 16. Lo visitaron 21 personas diferentes -incluyendo a su kinesiologa- en 17 encuentros. Según esos registros, Karina no pisó Olivos en todo el mes.
Hay nombres que se repiten: Juan Carlos de Pablo fue cinco veces; Miguel Boggiano, tres; y Sebastián Gallani, dos. Gallani fue uno de los más entusiastas defensores del discurso de Milei en la ONU; el presidente reposteó su mensaje y escribió: “Masterclass”. Las personas identificadas con cargos públicos en la planilla son la senadora Patricia Bullrich, el ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno y el embajador argentino en Estados Unidos, Alejandro Oxenford.
Casi no estuvo con ministros; no recibió a dirigentes opositores, empresarios disconformes, representantes de organizaciones gremiales ni a nadie que pudiera marcarle visiones críticas sobre el rumbo que está sosteniendo.
De todos modos, ¿cuándo se dedica Milei a gobernar? ¿Estará haciendo reuniones por Zoom? ¿Digitará todo por WhatsApp? Difícil.
Esto no es incoherente en un presidente que tiene como premisa y principal promesa de campaña la destrucción del Estado. ¿Alcanzará una estrategia de ese tipo para revertir los difíciles índices que tiene la Argentina, producto de los desaciertos de, al menos, los últimos 20 años?
En su gira por los Estados Unidos, Milei prometió que, si consigue la reelección, 2028 será un año de crecimiento récord. El arco se sigue corriendo. Primero fue el “pedo de buzo”, después llegaron los mejores 60 meses de la historia argentina y así se siguen postergando las promesas cuyos resultados, por ahora, casi no se verifican.
Los dilemas del Congreso
En el Congreso, activó el Senado y logró aprobar la reforma al Banco Central -que tiene que volver a Diputados- y los cambios a los subsidios del gas para las “zonas frías”.
En la Cámara alta ya reconocen que existe un doble comando respecto de la conducción parlamentaria del Gobierno. Por un lado, los deseos de la Casa Rosada; por otro, lo que quiere Patricia Bullrich.
En los bloques aliados, los senadores entienden que Bullrich no juega a fondo para imponer los deseos de la Rosada y que tiene juego propio. En parte, por interés electoral; en parte, por las propias limitaciones de la política.
Esas limitaciones se ven condicionadas por la independencia que quieren marcar los aliados frente a los números de la economía y de la opinión pública. Nadie quiere quedar pegado a un gobierno que fracasa. Y los aliados -fundamentales para la gobernabilidad- entienden que el de Milei no es hoy un gobierno exitoso.



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