Milei frente al espejo de Bolsonaro, Netanyahu y Trump

Las elecciones de Brasil e Israel y la cita de este martes en Estados Unidos exponen la fragilidad de los gobiernos. En la Argentina, la economía sigue sin dar respuestas y los aliados amortiguan la crisis de Milei. La participación electoral y las negociaciones por la gobernabilidad aparecen como dos desafíos hacia 2027.
 
Opinión31 de octubre de 2026Pablo WinokurPablo Winokur
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Tres elecciones en simultáneo, en distintas latitudes del mundo, ponen en evidencia la fragilidad con la que Milei va a encarar el proceso electoral de 2027. No importa si ganan los oficialismos o las oposiciones; si gana la derecha o la izquierda; si el voto es continuidad o cambio. Lo que muestran los resultados en Brasil e Israel, y probablemente este martes en Estados Unidos, es la inestabilidad del sistema y de los gobiernos.

Lula, viejo zorro, parece ser el que mejor lo entendió. Después de una derrota dura en la primera vuelta, logró revertir el resultado. Pero no encaró la victoria con revanchismo; Bolsonaro se escapó de Brasil vía Argentina y apenas recibió por ello unas tibias condenas por parte del presidente brasileño. Parecería ser que Lula entiende que el sistema y su propia gobernabilidad están en jaque si no se bajan los niveles de confrontación política.

En Israel, con matices, también aparecen puntos de contacto. Benjamin Netanyahu y su partido, el Likud, fueron los más votados dentro de un sistema parlamentario; pero toda la oposición en conjunto consiguió más bancas en la Knesset (parlamento israelí) que Netanyahu y sus aliados. No está claro cómo se va a formar el nuevo gobierno. Pero todo parece indicar que las viejas lógicas de confrontación entre oficialismo y oposición llevan a un callejón sin salida. La dirigencia tendrá que encontrar algún tipo de acuerdo para garantizar la gobernabilidad.

Donald Trump enfrenta elecciones este 3 de noviembre. Si pierde, se abre un nuevo escenario institucional en Estados Unidos con un Congreso que le puede ser adverso. Igual, todavía el resultado no está claro.

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Sin respuestas económicas

Mientras mira el tablero internacional, el Gobierno argentino se enfrenta a un escenario económico interno complicado con una economía que no da señales de vida. Aunque hay dólares y actividades prósperas, en el resultado global la cosa no arranca. 

Actividad económica: en agosto cayó, según el INDEC, 1,7% respecto de agosto de 2025. Diez de los quince sectores registraron bajas, entre ellos la industria manufacturera (-3,2%) y comercio (-3,5%). Frente a julio, la actividad también mostró estancamiento: subió 0,1% desestacionalizado. 

Empleo en las PyMEs industriales: el 26,4% de las empresas relevadas por el Observatorio PyME redujo personal en el tercer trimestre respecto del trimestre anterior. Dato alarmante. Ya la caída no es solo de la actividad, sino que impacta en el empleo. 

Consumo masivo: según Scentia, en septiembre cayó 1,2% interanual y acumuló una baja de 2,7% entre enero y septiembre respecto del mismo período de 2025. En los mayoristas, las ventas en volumen bajaron 3,4% interanual y 6,7% frente a agosto. En las cadenas de supermercados, las caídas fueron de 2,6% y 5,3%, respectivamente.

Industria: según estimaciones preliminares del CEU-UIA, en septiembre cayó alrededor de 3,4% interanual y 0,2% mensual desestacionalizado. Entre enero y septiembre acumuló una baja de 2,8% respecto del mismo período de 2025 y quedó 11% por debajo de los niveles de 2022 y 2023. Este martes es la Conferencia Industrial de la Unión Industrial Argentina. Es probable que haya reproches.

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La situación es tan crítica que el propio Fondo Monetario Internacional tuvo que salir a explicitar las charlas con el gobierno respecto de la necesidad de fortalecer la actividad económica y el empleo. Lo hizo en el comunicado que anuncia el acuerdo técnico sobre la tercera revisión del programa, todavía pendiente de aprobación por el Directorio. 

Sin moros en la costa

Desde lo político hay una tensa calma. El gobierno dejó de caer en las encuestas. Y eso es una buena noticia. La llegada del Papa le va a dar quince días de oxígeno: por unos días todos vamos a estar hablando de otras cosas.

Sus aliados políticos —básicamente gobernadores no peronistas o algunos peronistas que no quieren quedar en las sombras del kirchnerismo— están dándole una mano para que, por lo menos, la crisis quede amortiguada.

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Este pacto no escrito se expresa en varios puntos:

Bloqueo en el Congreso de todas las iniciativas opositoras.

Apoyo crítico a las iniciativas del gobierno. Aunque reclaman cambios, terminan apoyando.

Presupuesto 2027. Por ahora no sale porque persisten los desacuerdos. Sin embargo, los gobernadores saben que no les conviene gestionar el año electoral sin un presupuesto claro y concreto. Lo van a terminar aprobando, aunque sea en extraordinarias.

Las PASO. Más gobernadores muestran buena voluntad para intentar aprobar la suspensión o eliminación de las PASO, aunque todavía no está claro cuál va a ser el mecanismo alternativo para la selección de candidatos. Esto es algo que tiene que definir el gobierno y no parece haber un acuerdo completo hacia adentro del oficialismo. Los aliados esperan las movidas del Ejecutivo para ver cómo posicionarse.

Nadie quiere anticipar sus jugadas. La ausencia de candidatos claros de la oposición ayuda a que los aliados no tengan mucho margen de maniobra para romper con el gobierno.

Mientras todas estas negociaciones políticas avanzan, Milei permanece ausente. Solo hace apariciones esporádicas en algún foro sobre economía liberal o en sus viajes por el exterior. Cuando habla, termina generando papelones o abriendo conflictos innecesarios. Nada de nuevo.

Karina Milei tiene un rol cada vez más protagónico. No solamente participa en todas las reuniones políticas, sino que además empezó a dejar el silencio público. Esta semana habló desde Rosario. No dijo demasiado. Como Moisés, su fortaleza no es la oratoria.

Patricia Bullrich levanta el perfil y hace más explícitas sus diferencias con el presidente: felicitó a Lula por su triunfo electoral y en esto hubo coincidencia con Mauricio Macri.

La oposición también está adormecida, en parte por sus problemas internos y las diferencias que son cada vez más difíciles de limar. En parte por la existencia, quizás, de algunas conversaciones con el gobierno.

Llama la atención que ni Máximo ni Massa ni Cristina ni Kicillof salieran a repudiar demasiado abiertamente la fuga de Bolsonaro. ¿Será parte de un entendimiento? ¿Es posible que el peronismo se mire en el espejo de lo que pasó en Brasil?

Votar o ver Netflix

Todos los espacios políticos están tomando nota de lo que pasa en el mundo. Los electorados están más erráticos, más histéricos y más ambivalentes.

Sean o no obligatorias las elecciones, se consolida un actor fundamental: el votante que se queda en su casa. Ese es el que verdaderamente define el resultado. Y es, a su vez, el más impredecible. 

La cantidad de gente que vota inclina la balanza para un lugar o para el otro. Lo vimos en 2025 en la Argentina, cuando la ola opositora parecía imposible de frenar y el oficialismo lo dio vuelta. Nadie tiene la vaca atada.

Los partidos políticos ya no compiten solamente contra sus adversarios, sino también contra la última serie que sacó Netflix, contra un partido de fútbol internacional o contra el asado del domingo. 

El que quiere ganar tiene que movilizar a ese electorado apático. Milei supo capturarlo muy bien con la promesa de la motosierra y la revolución total. Hoy, a la luz de los resultados, parece más difícil que pueda convocar a ese público.

Los acuerdos para gobernar

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Y el otro desafío que muestran las elecciones internacionales es la gobernabilidad.

Tanto en Brasil como en Israel, la idea de una amnistía a los líderes políticos que hoy están siendo investigados por la Justicia aparece con fuerza en las negociaciones entre facciones. ¿Puede la oposición dar garantías de gobernabilidad a cambio de algún beneficio personal para sus líderes? La no condenada fuga de Bolsonaro y la espectacularidad de la misma, ¿tendrán algo que ver con los próximos pasos que vaya a dar Lula? Si en Israel se va hacia un gobierno de unidad nacional, ¿aceptará Netanyahu correrse de escena? ¿A cambio de qué?

Son movimientos que se empiezan a dar en el mundo y que obviamente tiene que mirar la política local. Porque si algo enseñó la historia es que los movimientos políticos que se producen en un país tienen necesariamente su rebote en todo el planeta. 

Aunque el primer desafío es consolidar el frente interno. Y para eso debe cumplir sus promesas de campaña: controlar la inflación y hacer crecer a la economía.

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