
El país que no miramos: después del Mundial, vuelven las preocupaciones por la economía real
Pablo Winokur
Bajada la efervescencia del Mundial, la gente empieza a retomar su normalidad. Y cuando se disipan los efectos de la ilusión mundialista, vuelve la necesidad de ir al supermercado, revisar las cuentas y pagar cosas que quizás habían quedado postergadas.
Para los comerciantes, reaparece también la expectativa de volver a la normalidad: algunos consumos se habían desplazado por la fiebre mundialista.
Normalidad. Esa es la palabra a la que ahora va a tener que enfrentarse el Gobierno. En la normalidad aparecen las quejas de la gente común, más ajena a los grandes números de la macroeconomía que celebran los mercados y que no terminan de impactar en la diaria de la gente.
El sube y baja durante el Mundial
Promediando julio llegó una buena noticia: la inflación había perforado la barrera del 2%. En junio fue del 1,9%, un dato leído positivamente tanto por el Gobierno como por los mercados.
En la misma dirección, la agencia Moody’s elevó la calificación de la deuda argentina al reconocer avances en la estabilización macroeconómica y una reducción del riesgo de default.
El Gobierno se ilusionó con que eso permitiera perforar los 400 puntos de riesgo país, el índice que mide el sobrecosto que paga la Argentina para endeudarse.
Pero después de esas buenas noticias aparecieron otras que hablan de la economía real. El dato más impactante fue el del EMAE (actividad económica), que volvió a mostrar datos erráticos.
El dato de mayo (publicado este miércoles) mostró que la economía cayó un 0,5% respecto de abril y que apenas creció un 0,2% respecto al mismo mes de 2025. En el mejor de los casos, algunas correcciones terminan dejando a la economía prácticamente empatada y lejos de un sendero sostenido de crecimiento.

En abril, el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, había pronosticado que los próximos 18 meses iban a ser “los mejores que la Argentina hubiera visto en las últimas décadas”. No pasó.
El comportamiento de los distintos sectores repite la tendencia que se viene manifestando desde el inicio del gobierno de Milei. En mayo crecieron la minería un 15,7%; la electricidad y el gas, un 8%; y la intermediación financiera, un 1,5%. En cambio, la industria manufacturera cayó un 5,6%; el comercio, un 4,3%; y los hoteles y restaurantes, un 1,8%. La construcción apenas mostró un repunte del 1,9%, pero sigue abajo en el global.
La economía de bolsillo
Pero lo que quizás más marca el pulso de las posibles variaciones en el humor popular tiene que ver con el consumo. Esta semana se conocieron los datos de la consultora Scentia de junio y fueron demoledores.
El consumo masivo cayó un 2,7% respecto del mismo mes del año pasado y un 2,4% en comparación con mayo. En el acumulado del primer semestre de 2026, la retracción llegó al 2,9%. Esta consultora mide los productos que se compran habitualmente en cualquier hogar (alimentos, perfumería, limpieza…); sus números son la referencia del mercado para evaluar cuánto hay que producir.
Estos datos no reflejan solamente una caída puntual. El retroceso se arrastra desde el inicio de la gestión de Milei e incluso desde antes. La propia serie de Scentia muestra que el volumen de consumo de junio se encuentra en el 82,9% del nivel de enero de 2023. La macro puede estar ordenada, pero en la capacidad de compra no hay avances.

La mirada de los empresarios
En el sector empresarial no desconocen esta realidad. Según una medición que hace el INDEC mensualmente, en junio, apenas el 6,2% de los industriales consideró buena la situación de su negocio, mientras que el 29,2% la evaluó como mala. Entre los supermercados y autoservicios mayoristas, el 8,4% calificó como buena su situación comercial y el 28,9% la consideró mala.
Además, el 49,7% de los industriales afirmó que su cartera de pedidos se encontraba por debajo de lo normal y apenas el 2,7% dijo que estaba por encima. El indicador de confianza empresarial fue negativo en los dos sectores: marcó -17,8% en la industria y -0,4% entre los supermercados y autoservicios mayoristas.
Lo interesante aparece cuando el INDEC les pregunta a los empresarios cuáles son los principales factores que limitan su capacidad para aumentar la producción o la actividad comercial: en ambos casos aparece la falta de demanda interna.
Entre los industriales, el 52,1% señala la insuficiencia de la demanda interna. Muy por detrás aparecen la competencia de productos importados, con el 10%. Entre los supermercados, trepa al 61,4%: después aparecen el costo laboral, con el 19,3%; el costo del financiamiento, con el 9,6%; y el acceso al crédito bancario, con apenas el 1,2%.
Los empresarios saben que la economía no va a repuntar porque la gente no tiene plata en el bolsillo. Y frente a eso, el círculo vicioso puede ser demoledor.

La opinión pública expectante
Con el inicio del Mundial, la salida de Manuel Adorni y la desaceleración de la inflación, el oficialismo encontró algo de oxígeno hacia fines de junio y principios de julio. Un oxígeno que está lejos del paraíso.
7 de cada 10 argentinos están insatisfechos con la marcha general de las cosas, según la última encuesta de la Universidad de San Andrés, realizada a principios de julio. Pero, más allá de lo negativo del dato, la aprobación del Gobierno se mantuvo en el 34% y, por lo menos, dejó de caer. No es poco en este contexto de bolsillos flacos.

La duda es si esa detención de la caída será persistente en el tiempo. Otras mediciones empiezan a mostrar las dificultades para que la imagen del Gobierno mejore de manera sostenida. Esto probablemente se vea este lunes, cuando la Universidad Torcuato Di Tella publique su Índice de Confianza en el Gobierno, un indicador que suele anticipar bastante bien los comportamientos electorales.
Aunque el dato está guardado bajo siete llaves, la semana pasada se conoció el Índice de Confianza del Consumidor de la misma universidad. En julio cayó un 4,78% respecto de junio y un 12,30% en la comparación interanual. El retroceso fue mucho más pronunciado entre los hogares de ingresos bajos, donde llegó al 11,47% mensual.
¿Tiene el Gobierno margen para revertir estos números? Para eso haría falta que el Estado interviniera para volcar los beneficios de “la macro ordenada” hacia la economía real. Su ideología lo limita.
Una parte del Gobierno empieza a entender que la economía no va a responder de la manera que pretende. Además, aparecen algunas luces amarillas vinculadas con cuestiones externas: las elecciones de medio término de Estados Unidos y el recrudecimiento de la guerra en Medio Oriente, que volvió a llevar el petróleo a los 100 dólares por barril. Si bien esto puede mejorar la balanza comercial argentina por el lado de las exportaciones energéticas, también complica otras variables de la economía.
Por eso, como hacen siempre los gobiernos cuando la economía no funciona, Milei vuelve a apelar a la política. Una política de la que siempre renegó. De la mano de Diego Santilli, empieza a tender puentes más profundos con gobernadores aliados a los que siempre denostó.
La hora de la casta
El miércoles pasado, Santilli y el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, firmaron el traspaso de la administración de la Ruta Nacional A012 a Santa Fe por 20 años. La provincia se comprometió a asumir, con recursos propios, su mantenimiento y la ejecución de nuevas obras. Fue la primera vez que el Gobierno nacional cedió la administración integral de una ruta nacional a una provincia. Es parte de un plan que quiere extender a otros distritos.

No se trata de una ruta cualquiera. La A012 es el anillo vial que rodea el área metropolitana de Rosario y articula el tránsito de cargas hacia el principal complejo agroexportador del país, desde donde sale cerca del 80% de las exportaciones argentinas de granos, harinas y aceites. Pullaro fue recibido en la Casa Rosada casi como un héroe: participaron Santilli, Karina Milei, Luis Caputo y una decena de diputados. El Gobierno quiere presentarlo casi como la antesala de un acuerdo más amplio.
La llegada de Santilli a la Jefatura de Gabinete mejoró la relación con buena parte de los mandatarios aliados. Al punto de que en el Gobierno empiezan a deslizar la posibilidad de alcanzar acuerdos electorales para que algunos de esos gobernadores se conviertan en los representantes de La Libertad Avanza en sus provincias durante la elección nacional de 2027.
Por ahora es todo humo. No hay una propuesta concreta ni una respuesta concreta.
Empieza otro partido
Mientras los argentinos mirábamos una y otra vez los goles de Messi, Enzo Fernández y Julián Álvarez, algunas cosas fueron pasando con la economía y con la política.
Ahora se abre un nuevo partido. Un partido político y económico que el Gobierno tiene que empezar a jugar.
Si no se eliminan las PASO, como quiere el Gobierno, en agosto vamos a quedar a apenas un año de las primarias. Parece un montón, pero para la política no es tanto tiempo. Mucho menos cuando las expectativas están tan a la baja.


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