
La Ley de Lemas vuelve al tablero: la jugada que seduce al Gobierno y al peronismo
Pablo Winokur
Un sector del peronismo cree que la Ley de Lemas podría ser una alternativa para reemplazar las PASO en caso de que el Gobierno consiga los votos para eliminar las primarias. El mecanismo permite que se sumen los votos de distintos candidatos de un mismo partido y que el resultado final dé por ganador al candidato más votado del partido más votado.
Este sistema -llamado técnicamente “doble voto simultáneo”- se usó durante muchos años en provincias como Santa Fe o Santa Cruz, y sigue funcionando en Formosa. También, mediante un sistema similar de acoples, en Tucumán. Esto, por ejemplo, permitió al kirchnerismo retener varias veces la provincia de Santa Cruz: se presentaba Alicia Kirchner y competía internamente contra algún candidato que prometía la “renovación”. Al final, los votos se sumaban y el kirchnerismo seguía en el poder.
Este esquema sedujo al Gobierno. El proyecto llegó al despacho de Lule Menem, que por ahora decidió cajonearlo.
La idea original vino desde Mendoza, donde el gobernador Alfredo Cornejo propuso ensayar este esquema como una forma de que una lista radical pudiera adherir a la candidatura nacional de Milei.
“Nosotros estamos a favor de la competencia en los espacios. Entonces debemos ver como resolver eso en una posible reforma”, aclararon desde el entorno del gobernador. La encargada de llevar el tema es la diputada Pamela Verasay, que está negociando borradores con diputados y senadores radicales.
La propuesta que evaluó el Gobierno contemplaba el mecanismo de los lemas exclusivamente para la categoría legislativa y con un máximo de dos listas de adhesión por cada candidato presidencial. El frente podría llevar dos candidatos que luego sumarían sus votos y —eventualmente— ingresarían diputados de ambas listas (sublemas) si es que ganan la suficiente cantidad de bancas. “Es como hacer las PASO, pero en un solo día de votación. Elegís la agrupación y al candidato que más te gusta sin tener que ir dos veces a votar”, explica una de las personas que trabajó en la idea.
El tema es que cuando hay PASO, entre las primarias y la general, la gente tiene tiempo de migrar su voto: no todos los votantes de Larreta en las PASO votaron a Bullrich en la general; no todos los votantes de Julián Domínguez en 2015 votaron a Aníbal Fernández como gobernador. Si no, hoy quizás Milei no sería Presidente y María Eugenia Vidal no hubiera sido gobernadora.
En el peronismo dejan correr las versiones. Entienden que ese sistema podría beneficiarlos si otro toma el costo político de implementarlo. Hay que imaginarse el potencial que tienen cientos de miles de punteros en el conurbano traccionando para intentar sumar votos para sus propias candidaturas, que luego tributarían para un candidato mayor. Esto podría ayudar a líderes nacionales o territoriales con un buen piso electoral, pero con dificultades para perforar su propio techo.
El peronismo rechaza la eliminación de las PASO. Entienden que ese mecanismo les sigue sirviendo para dirimir la interna opositora e incluso sumar fuerzas por fuera del PJ. Así lo acordaron en una reunión que se hizo en los últimos días en el Hotel Emperador, de la que participaron Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa; también estaban gobernadores y jefes de bloque.
Pero en la intimidad no todos creen que la eliminación de las PASO sea un problema, siempre que se reemplace por la Ley de Lemas. Así lo transmitió el propio Massa a algunos colaboradores en los últimos días. No es el único que cree eso.
La duda es si la sociedad aceptará esa desnaturalización del voto.
Las dudas de los “tibios”
Para ganar una elección hoy hay que ser crítico de Milei y del Gobierno nacional. Eso es lo que están entendiendo los gobernadores y legisladores aliados que también quieren poder sobrevivir políticamente.
El dato surge de mirar cualquier encuesta de opinión que se haya publicado en el último mes. Por ejemplo, esta semana salió la encuesta de la Universidad de San Andrés, que muestra que la aprobación del Gobierno apenas llega al 35%, mientras que la desaprobación asciende al 61%. Quizás el dato más llamativo es que las imágenes positivas de Milei y Cristina están empatadas: ambas alcanzan el 33%.
Esto obliga a gobernadores, legisladores y la dirigencia en general a recalibrar sus estrategias. “Yo, antes de votar cualquier cosa, hago una encuesta en mi provincia para ver qué es lo que piensan sobre ese tema”, se sincera un importante legislador no alineado con ninguno de los principales partidos políticos y que suele ser clave en cualquier votación en el Senado.
Si el asunto es relevante para el distrito, el hombre vota de acuerdo con sus intereses o los de sus votantes; si es irrelevante allí, intenta negociar algo con el Gobierno nacional.
Este legislador sabe que, si algún día quiere ser gobernador, necesita no estar demasiado lejos de la gente. Y para eso debe tener un control muy claro de la evolución de la imagen de Milei.
A esta situación se suma el destrato que reciben constantemente los dirigentes políticos por parte del Gobierno nacional. Esto abarca tanto a los gobernadores como a los propios legisladores.
Contrariamente a lo que se comentó en los primeros días, la derrota en el Senado por las leyes de Tierras y de Manejo del Fuego no tuvo tanto que ver con un pedido de los gobernadores, sino fundamentalmente con el hartazgo de los senadores por el manoseo al que eran sometidos en medio de la negociación.
En el caso puntual del Senado, la mayoría de los representantes son dirigentes con cierto peso en las provincias y cada uno atiende su propio juego. El Gobierno nunca lo entendió.
Cada mandatario está viendo cómo salvarse el año que viene y cada legislador está viendo su juego político para encarar a partir de 2027. Es un escenario muy negativo para impulsar cualquier reforma. Incluyendo la reforma electoral.
Las señales económicas
La contracara de todo esto es la situación económica. El jueves se publicó el dato de inflación: fue del 2,1%, 0,2 puntos por encima del mes anterior. Si bien no es una variación muy relevante, lo interesante es la tendencia.
Para esta época del año, el Presidente prometía que la inflación estaría en cero. Lo prometió el año pasado y lo prometió a inicios de este año, cuando dijo que empezaría con un cero delante. Ninguna de las dos cosas pasó. Bajar la inflación es la principal promesa electoral de Milei y no estaría funcionando.
El cuadro tiene otro correlato. La canasta de pobreza para una familia con dos hijos llegó en julio a $1.564.716. Según los datos del SIPA difundidos por el investigador Luis Campos, la remuneración bruta mediana de los trabajadores registrados del sector privado fue de $1.606.773 en mayo. Eso implica que, aun para los trabajadores formales en relación de dependencia, un salario mediano apenas alcanza la canasta de pobreza.
Además, el modelo económico está resintiendo el empleo. Según los mismos datos, en el sector privado registrado se perdieron 137.500 puestos de trabajo durante el último año y 241.176 desde noviembre de 2023.
El tema del endeudamiento de las familias ya está completamente instalado en el clima político. Casi el 27% de las personas endeudadas registra atrasos superiores a 90 días. Y el Gobierno ya avisó una y otra vez que no va a hacer ningún tipo de intervención para tratar de ayudar a esos hogares.
En paralelo, esta semana se presentó un nuevo plan para incrementar las posibilidades de los bancos de dar créditos en dólares. En principio, sería solo para empresas. Aunque sabemos que estos globos de ensayo en algún momento terminan derivando en otro tipo de créditos personales.
Esto podría llevar a un escenario todavía peor. La gente ya no solamente estaría endeudada a tasas altísimas y con entidades de dudosa calidad, sino que además tendría acceso a créditos en dólares a una tasa inicialmente más baja, que se volverían impagables si en algún momento la moneda se devalúa. No es nada nuevo: ya pasó en 2001.
El Gobierno está aislado y sin respuestas. Solo queda la esperanza de que finalmente los mercados reaccionen, hagan las inversiones que vienen prometiendo y que eso ayude a reactivar la economía. No está claro si eso va a pasar ni está claro si el Gobierno va a hacer algo mientras tanto.


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